Ante un escenario donde el entorno urbano debe tener presente en su día a día la eficiencia, el desarrollo sostenible y la gestión de los recursos, resulta inevitable plantearse una evolución en los modelos de gestión de las ciudades. Aspectos como el desarrollo económico, el aumento de población urbana y ciertos efectos del cambio climático, tales como las largas sequías, episodios de inundaciones y otros eventos meteorológicos extremos, repercuten en la disponibilidad de los recursos hídricos y en la vida misma y el funcionar de las ciudades, obligando a la urbes a afrontar importantes desafíos para convertirse en auténticas smart cities.

“Smart City” es un concepto que ha de ser entendido como el aprovisionamiento de servicios que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos, y en referencia al sector del agua el primer hito a lograr en base al mismo es asegurar la calidad del agua de todo ciudadano en todo momento. El desarrollo y uso de tecnologías de monitorización y control tanto en el suministro como en la distribución y el consumo del agua, el tener la capacidad de proporcionar información de consumo a los usuarios, la posibilidad de prevención de inundaciones gracias a una información más eficaz y más precisa que permitan obtener información en tiempo real, así como el devolver el agua a la naturaleza en las mejores condiciones una vez que la ciudad la ha utilizado, se  marcan como puntos de partida hacia el logro de una gestión eficiente del agua en las ciudades. Para la obtención con éxito de una red de agua inteligente se deben englobar a todos los actores y elementos de la cadena de valor.